…Y HOY, A QUIEN FESTEJAREMOS?
Cuando me di a la tarea de escribir algo que reflejara, a través de mi pluma, el sentir de mis compañeros hacia nuestros queridos profesores, me enfrenté a un pequeño problema: ¿A quién voy a referirme? ¿Al Profesor, al Consejero, al Ayo, al Preceptor, al Mentor, al Instructor, al Director, al Guía, al Tutor, al Principal, al Pedagogo, al Catedrático, al Educador, al Institutor o al Ilustrador? Pues nada, que sucede que todos estos adjetivos tienen a la misma persona como representante: El Maestro.
Siento que ningún otro título tiene tantas y tan variadas acepciones, como la de “maestro” y también creo que es uno de los apostolados más enriquecedores para el desarrollo humano, pues desde el kindergarden hasta la facultad y más allá, no podríamos crecer sin su meritoria e inestimable ayuda.
Antes de continuar con mi breve participación, deseo hacer aquí un paréntesis, para mencionar muy especialmente a nuestros maestros, que como tan sabiamente dicen los chinos, han pasado a formar parte de la mayoría. Me refiero a la Maestra de oratoria Irma del Carmen Menéndez, al profesor de la disciplina de Yoga, Roberto Chagoya, a la maestra de baile Rosario Maza y al maestro del idioma inglés, Mario Rodríguez; todos y cada uno de ellos, siempre tan entregados y responsables hasta el último momento de sus vidas y a quienes me gustaría recordar con un afectuoso aplauso, que seguramente ellos escucharán donde quiera que estén. Honor a quien honor merece ¿no?.
Pero, ánimo compañeritos, que tenemos la fortuna y sobre todo, el honor, de ser adoctrinados por estos encantadores maestros, que comparten con nosotros sus conocimientos, sus tiempos y sus experiencias y eso, definitivamente no tiene precio alguno.
Aquí entre nos ¿no creen ustedes que son extremadamente valientes para lidiar con esta hermosa familia de la tercera edad, que aunque les demos mucho cariño, también les damos mucha lata? Por supuesto que no lo hacemos deliberadamente, somos bien intencionados, lo que sucede es que a veces se nos va el “concorde” y pues, ni modo, hay que hacer uso de la empatía para llegar a la armonía.
Y aquello de la empatía aplica para todos los que formamos esta encantadora pero heterogénea familia, ya que si en un pequeño núcleo hay diversidad de enfoques y opiniones, imagínense qué será en una comunidad constituida por personas con ideologías diferentes, raíces, amenidades y complacencias disímiles. La verdad, una de las cosas más difíciles de llevar a cabo es la convivencia, que a nuestra edad, tiene un alto grado de dificultad, si no aplicamos la empatía, o sea, si no nos ponemos en los zapatos de los demás, podemos caer en una desagradable situación de intolerancia y de alguna manera afectar la concordia y armonía de nuestro plantel.
De manera que, muchachas y muchachos, aportemos lo mejor de nosotros para coadyuvar con la buena convivencia de este centro cultural y de este modo allanarles a nuestros queridísimos maestros el camino de la docencia
Y a ustedes distinguidos profesores, que nos ayudan a franquear con dignidad y entusiasmo esta última y tan difícil transición en nuestras vidas de la madurez a la vejez, vaya nuestra total gratitud, no solamente en este su día, sino todos los días en que nos animan a seguir creciendo y a sentirnos activos, vigentes y por ende felices.
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